https://doi.org/10.22267/rceilat.163839.4

DOCUMENTO DE REFLEXIÓN

 

EL PENSAMIENTO UTÓPICO LATINOAMERICANO COMO SUPERACIÓN DE LA ALIENACIÓN

SOFÍA REDING BLASE
Centro de Investigaciones sobre América Latina
Universidad Nacional Autónoma de México

 

Recibido 12/10/2015, Revisado 12/11/2015, Aprobado 12/12/2015.


 

RESUMEN

Las reflexiones en torno a la figura de Calibán han sido fructíferas en el pensamiento latinoamericano, en especial en cuanto a la utopía como horizonte político se refiere, pero la imagen del zombi ha estado presente básicamente en narrativas cinematográficas. En el presente texto, intento poner de relieve los contrastes que podemos hallar entre la narrativa zombi y la propuesta del filósofo Horacio Cerutti que asume la tarea de la liberación a partir de lo que ningún muerto viviente es capaz de hacer: pensar. Es mediante el contraste de la figura del zombi con la del soñador diurno como podríamos hallar claves que permitan un pensar liberador que parte de un análisis meticuloso de la situación actual, así como del valor que tienen los modelos políticos y socioculturales que de ese análisis se desprenden, para vivir de manera realmente humana.

Palabras clave: Pensamiento utópico, Alienación, Liberación.


 

ABSTRACT

The reflections on the figure of Caliban have been fruitful in Latin American thought, especially in terms of utopia as a political horizon, but the image of the zombie has been present basically in cinematographic narratives. In the present text, I try to highlight the contrasts that we can find between the zombie narrative and the proposal of the philosopher Horacio Cerutti who assumes the task of liberation from what no living dead can do: think. It is by contrasting the figure of the zombie with that of the day dreamer as we could find clues that allow a liberating thought that starts from a meticulous analysis of the current situation, as well as the value of the political and sociocultural models that from that analysis they detach, to live in a truly human way.

Keywords: Utopian thinking, Alienation, Liberation.


En el campo del pensamiento latinoamericano se destaca la propuesta del filósofo de origen mendocino Horacio Cerutti. Es, además de esclarecedora, muy sugerente para entrelazar diversas temáticas como la contradicción que existe entre la utopía y la figura del zombi o retornado, a la cual dedicaré la presente ponencia. Sin querer dar aquí una explicación de orden etnológico respecto a la imagen del zombi, me centraré en plantear a tal ente como estando muerto y, sin embargo, moviéndose e infectando el porvenir. Esta imagen resulta ser contrastable con la de quien sueña despierto con un mundo mejor, y no posapocalíptico.

El zombi es fascinante, sin duda alguna. Las variadas formas en que aparece en el imaginario global popular, masificadas a través de las industrias del entretenimiento (desde el clásico de George A. Romero Dawn of the Dead, 1978) suelen referirse a los cadáveres vivientes como metáforas de los virus, en especial del que presuntamente causarían variadas formas de esclavitud liminales, como el vampirismo, el canibalismo o la licantropía. Por el contrario, los utopistas quieren salir de un orden alienante y vivir en un mundo mejor, más justo y feliz. Por lo anterior, la presencia perturbadora del zombi en el imaginario colectivo, es algo que debemos atender pues se trata de un alienado sumamente flexible y que sintetiza varias otras imágenes por lo que despierta un particular miedo a no poder vivir o descansar en paz.

Existe, desde luego, cierto parentesco entre el zombi y el utopista porque ambos son insolentes al querer subvertir el estado de las cosas: muerte o nuda vida son circunstancias que no desean para sí. El zombi, no obstante, no ha despabilado ni puede hacerlo, mientras que el utopista es capaz de vislumbrar más allá de la pesadilla en la que se encuentra malviviendo, para diseñar un orden de libertad y paz que, como afirma Cerutti, “es solamente el otro nombre de justicia”1. Así, mientras el utopista tiene hambre de justicia, el zombi busca devorar carne humana y llevar a quienes consume a padecer la misma afección que él sufre.

La situación de dependencia que padece nuestra América ha llevado a Cerutti a estudiar nuestra tradición filosófica, así como los sueños de liberación y salida de ese sometimiento que nos oprime. Él asegura que, para conseguirlo, hay que filosofar. No se trata, desde luego, de hacerlo a la ligera, pero tampoco rellenando de oscuros tecnicismos el discurso filosófico y desvinculándolo de lo político y lo social. Se trata, eso sí, de una filosofía aplicada: un filosofar desde nuestra América, para “pensar la realidad a partir de nuestra propia historia, crítica y creativamente, para transformarla”2. El anhelo de libertad se despliega en diversos escenarios que aparecen no como fantasmagóricos, sino como realizables y, más importante, como siendo posible su perfeccionamiento3. Así, según Cerutti lo propio de lo utópico es la relación de tensión entre lo real insoportable y lo real deseable4.

En cierto sentido, el utopista –como el zombi– es insaciable. Su avidez es parecida a la del colibrí, que Cerutti utiliza como metáfora de lo auroral, del futuro que aguardamos con esperanza, del soñar un mundo nuevo, es decir, de un orden “otro” que no pierde ni el norte ni el sur.

De ahí que Cerutti apele a esa pequeña ave para que simbolice su filosofar: “un pensar sureado por el colibrí, un pensar desde y en el presente, a partir del pasado y para el futuro. Un pensar desde el mediodía, aprovechando la noche anterior y caminando hacia la aurora del día siguiente”5. Con la mirada puesta en el sur, o como dice Cerutti, sureando, podremos superar el desconocimiento, hallarnos a nosotros mismos y acabar con la alienación. Ahí está la osadía de Cerutti, cuando se pregunta cómo es posible un filosofar nuestroamericano6. Y ciertamente es viable si pensamos la realidad a partir de nuestra propia historia, pues no podemos saltar hacia el futuro sin siquiera saber desde dónde estamos saltando.

En contraste con los ensayos de utopía, encontramos que las narrativas zombis han adquirido hoy una densidad preocupante toda vez que imprimen en el imaginario una sensación de desolación inevitable, así como de conductas permisivas que fomentan una alterofobia incontrolable que lleva a devorar todo aquello que se expresa de manera diferente. Por expresión de la diversidad quiero entender las formas en que se despliega la razón y debo insistir en que el zombi se alimenta, según el canon, de cerebros, de manera similar al vampiro que lo hace de sangre y que ello da cuenta del modo en que opera la modernidad, que suele ir tras otros saberes para apropiarse de ellos.

Lo que vengo señalando tiene larga historia y ciertamente llegó al Nuevo Mundo a bordo de las naves de Colón, en particular a partir del segundo viaje (1493) cuando el médico Diego Álvarez Chanca afirmó en una Carta al Cabildo de Sevilla, que los caribeños eran caníbales. Ese tipo de afirmaciones fueron lo suficientemente poderosas como para permitir que se considerara al Otro como un peligro para la civilización, una abominación: como los moros7. Pero, ¿cómo se narró la conquista? Dice el profesor Cerutti, hay que ir hacia atrás e interpretar nuestra historia, colonizada, desde la epistemología del descubrir: “el descubridor nombra a lo descubierto y, al nombrarlo, le dota de la plenitud de su ser que antes estaba como en potencia. […] La novedad se ve reducida a lo ya conocido o parcialmente conocido. De ese modo, la angustia que provoca lo desconocido en el conquistador, se ve mitigada por la reducción a lo familiar, parroquial, trivial, cotidiano. El proceso de descubrimiento se va revelando así, a poco que se reflexiona en su proceder, como un paradójico encubrimiento. No hay tal novedad y el adelantado es, desde este punto de vista, un atrasado”8.

Si bien lo que expongo podría parecer delirante, lo cierto es que ha motivado diversas reflexiones. Daniel W. Drezner, profesor en la Escuela Fletcher de Derecho y Diplomacia de la Universidad de Tufts e integrante del Brookings Institution, asegura que la persistencia del discurso sobre los zombis prueba que no hay un consenso respecto de cómo modelar la política mundial. Su libro Teorías de las políticas internacional y zombis: edición revivida, no es un mero divertimento aunque así lo parezca. Toda vez que su interés se enfoca en las consecuencias de una zombificación y no tanto en sus causas, su reflexión se encamina a analizar las posibles tácticas y estrategias ante un ataque masivo de necrófagos y los modos en que pondrían en jaque la política global9. El zombi, en tal sentido, pone en entredicho los paradigmas de las relaciones internaciones10. Ya antes se había vinculado el proletariado dominado y los comunistas con los zombis por lo que el muerto viviente es una imagen de lo contra-hegemónico; hoy aparece como metáfora del bioterrorismo.

No desperdiciaré la oportunidad para insistir en que un zombi es capaz, por su acción virulenta, de producir un enorme ejército conformado por individuos que no tienen misericordia alguna, ni empacho en atravesar fronteras. La narrativa zombi y sus diversas versiones no es lo que importa, mucho menos los hábitos antropofágicos del muerto viviente; más bien hay que atender al potencial infeccioso que deriva en un problema de seguridad en cuanto a las fronteras11. De ahí parte para establecer su análisis: los muertos vivientes serían un fenómeno trasnacional que se encararía desde diversos frentes teóricos.

Desde la perspectiva realista llevaría a la autorregulación de humanos y zombis para garantizar su existencia; muy al estilo del multiculturalismo. Por el contrario, una actitud liberal provocaría que la infección fuese más rápida debido a su apuesta por la apertura de las fronteras12. De ahí el problema de bioseguridad que el paradigma liberal resolvería cerrando las fronteras, pero enviando ayuda humanitaria a los países contaminados con el virus zombi. No obstante, el hecho de que la cooperación y la coordinación con los zombis son imposibles, se les eliminaría sin miramientos de tipo ético13. Es en parte lo que ocurre en el film de Alejandro Brugués (Juan de los muertos 2011), en el que el Estado cubano cataloga a los zombis como disidentes apoyados por el gobierno norteamericano y a su protagonista como sicario de seres queridos que lamentablemente se han transformado en zombis.

En cuanto a los postulados constructivistas –y antropocéntricos– el profesor Drezner no vacila en señalar que el mero hecho de que se afirme al Otro provee de una seguridad ontológica, misma que puede derrumbarse si apareciesen hordas de zombis, porque ellos ya no tienen identidad. La relación identidadalteridad quedaría, y nunca mejor dicho, completamente alterada, pervertida.

Ahora bien, podríamos utilizar esa distopía-pesadilla y transformarla en utopía-sueño. Por ejemplo: ¿qué pasaría si imagináramos que Calibán no es el deforme al que ataca Próspero, sino más bien al contrario? Después de todo, las evidencias apuntan a señalar como culpable de monstruosidad al amo, y no al dominado. Próspero quiere defender a su hija Miranda –“la mejor de las mujeres”– del mestizaje, pero en su afán por hacerlo, comete barbaridad y media. Por eso requerimos revisar los “símbolos” de nuestra historia y verla desde miradores diferentes a los ya utilizados, lo que permitiría considerar a Calibán desde otra perspectiva no sólo menos aterradora, sino incluso liberadora14. No puedo dejar pasar la oportunidad de señalar que Calibán, como el zombi, es fruto de la ansiedad que causa el colonialismo.

Por eso Cerutti se pregunta: “¿Qué pasa si me salgo del marco y pruebo intentar hacer lo que me dicen que es imposible y resulta que es posible? En el fondo nos quieren hacer creer en imposibilidades fácticas, técnicas, y resulta que en el fondo son interdicciones morales”15. ¿Cuál es el efecto que tienen las medidas de contención para los latinoamericanos? Según la respuesta, habrá que elegir entre ser Calibán y no un zombi. Como se concluye de lo escrito por Leopoldo Zea, el balbuceo de Calibán es el silenciador de la voz apocalíptica de Próspero16. Al hilo de lo expuesto, es probable que lo moderno no sólo sea antropofágico, sino incluso autofágico. Curiosamente, los Evangelios apócrifos acusaban al emblemático traidor Judas Iscariote de sufrir de lo que hoy se conoce como síndrome de Lesh-Nyham y que lleva al afectado a morderse o comerse a sí mismo, y ello continúa presentándose en otras narrativas que se han servido de la metáfora para criticar el malsano sistema que nos devora y se traga a sí mismo17.

La mencionada Carta escrita por el doctor Chanca, en la que aseguró que los antropófagos más peligrosos son las mujeres come-niños, permite constatar que la construcción de enemigas del patriarcado y la reproducción biológica tiene larga data, y puede servir como crítica al modelo patriarcal y ecocida, al ser éste, y no las mujeres, lo que pervierte lo humano y a la naturaleza misma.

La tarea que debemos atender con urgencia es la de imaginar un nuevo topo, donde se resuelvan los conflictos entre humanos y la guerra contra la naturaleza, mismos que se han originado en un sistema que conduce a consumir las entrañas de todo lo viviente. Así pues, Cerutti convoca a romper con aquello que nos aniquilará. Por tanto, es imperativo realizar constantes diagnósticos científicos, tecnológicos y filosóficos, siempre centrados en lo humano; con la mirada puesta en lo que estamos siendo, en lo que fuimos y en lo que queremos ser.

La terapéutica, es decir, el orden que se vislumbra como ideal, va modificándose con paso firme y sin temor a renovarse; como un deber ser ajustándose siempre a una tensión utópica, con constantes episodios de espasmos ocasionados por la incomodidad, lo que recuerda “lo utópico operante en la historia”18. Aunque esa propuesta pudiera evocar la imagen de un virus en estado de incubación, se trata de lo contrario. Conviene, en efecto pasar desapercibido, pero al modo de un transeúnte que va y viene entre culturas, pasando desapercibido19. Para eso se necesita desbloquear la imaginación y ejercitarnos en hacerlo responsablemente20; respondiendo a los derechos que tiene lo humano, y no sólo o únicamente lo americano. Así, y al modo de Leopoldo Zea, Cerutti afirma que: “se trata de una invitación para pensar juntos el fenómeno multiforme de la dominación y para colaborar en la búsqueda de nuevas alternativas viables de humanización, mediante el respeto a lo alterativo”21.

Algo así proponen los constructivistas cuando, según Drezner, afloran dos propuestas para combatir las hordas de necrófagos que, hipotéticamente, acabarían con el orden mundial. La primera sería, precisamente, cancelar la hipótesis, vale decir, anular cualquier narrativa cultural susceptible de engendrar mitos del apocalipsis. La segunda, sería traer de vuelta a la vida a esos seres que solían ser humanos, socializándolos de nuevo mediante la persuasión22. Con todo, si se siguen esos postulados del constructivismo, no habría manera de escapar a la internalización del modo de ser zombi, puesto la interacción entre cuerpos vivos y cadáveres vivientes sería inevitable y el propio zombi resultaría ser, como casi todo, un constructo social.

De cara a esas distopías que vengo aludiendo, retomo la propuesta de Cerutti en cuanto a la utopía se refiere porque es la que permite soñar con un entorno público distinto del que se tiene, sin tener que sufrir una carnicería. Pesimismo y paranoia que surgen con ocasión del zombi y en general de lo que se concibe como malsano, dan pie a la hostilidad, pero en el caso de la utopía es la hospitalidad la que debe prevalecer. En este sentido, los proyectos utópicos son esperanzadores en cuanto a las posibilidades que tenemos para poder convivir porque, como escribió Sánchez Macgrégor en homenaje a Zea y su sentir respecto de la relación entre Próspero y Calibán: “La desenajenación se produce para ambos en el momento en que aprenden a romper los eslabones de las cadenas que los atan, pasando de la ignominia a la solidaridad y la cooperación”.23

1. H. Cerutti Guldberg, Presagio y tópica del descubrimiento, México, Ccydel/UNAM, 1991 (500 años después), p. 19.

2. Entrevista realizada el 29 de junio de 2014 en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), disponible en: https://www.youtube. com/watch?v=WKMfaMz6Rio (octubre 18, 2015).

3. Escribe Cerutti: “lo utópico o el utopizar trabaja con el supuesto de lo perfectible y en contra de la opinión común de que lo mejor es enemigo de lo bueno; siempre busca lo mejor, a sabiendas del riesgo que implica transitar imperceptiblemente hacia la desmesurada pretensión de construir paraísos en la tierra, porque suelen culminar en infiernos... o, peor, en infiernillos”. En: “Atreverse a pensar lo utópico todavía vale la pena (si concedemos la poiesis de la palabra”. Estudios Latinoamericanos, San Juan de Pasto, núm. 8-9, 2001, p. 9.

4. Ibídem, p. 11.

5. H. Cerutti Guldberg, Filosofar desde nuestra América. Ensayo problematizador de su modus operandi, México, Miguel Ángel Porrúa/ UNAM, 2000, (Filosofía de nuestra América), p. 176.

6. Ibídem, p. 12.

7. Es de suponer que en algún momento aparecerá un relato titulado Santiago Matazombis, como para reafirmar el Matamoros y el Mataindios.

8. H. Cerutti Guldberg, Presagio y tópica del descubrimiento, pp. 102-103.

9. D. W. Drezner, Theories of international politics and zombies. Revived edition, Princeton University Press, 2015, p. 30. La primera edición es de 2011.

10. Ibídem, pp. 17 y 20.

11. Ibídem, pp. 31-32.

12. Ibídem, p. 54.

13. Ibídem, p. 64.

14. H. Cerutti, Filosofía de la liberación latinoamericana, México, FCE, 2006, p. 109.

15. V. Flores García, “Horacio Cerutti Guldberg: El pensamiento filosófico en Latinoamérica”, Cultura. Revista del Consejo Nacional para la Cultura y el Arte, núm. 79, mayo-agosto de 1997, San Salvador, p. 39. Versión electrónica disponible en: http://www. redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/1337/1/ cultura79.pdf (octubre 18, 2015).

16. Zea apuntaba que ese mundo que construyeron los hombres occidentales, los ha convertido en sus prisioneros y están, ahora, limitados por el sistema que ellos mismos crearon convirtiendo al creador en creatura. La filosofía americana como filosofía sin más, 13ª edición, México, Siglo XXI, 1989, pp. 89 y 93.

17. Es la temática que desarrolla Rogério Coelho de “Coletivoz”, profesor de la Facultad de Letras de la Universidad de Belo Horizonte, en su crónica titulada Autofagia. En: Márcia Nascimiento y Vera Casa Nova, A literatura da periferia de BH, Viva Voz, Belo Horizonte, 2012, pp. 39-40. Versión digital disponible en: http://150.164.100.248/vivavoz/data1/ arquivos/A_literatura_da_periferia_de_BH_site.pdf (octubre 18, 2015).

18. H. Cerutti Guldberg, “Integrarse para vivir: ¿una utopía humanista?”, en H. Cerutti Guldberg y C. Mondragón González, Resistencia popular y ciudadanía restringida, México, CCYDEL/UNAM, 2006, p. 66.

19. H. Cerutti, Utopía es compromiso y tarea responsable, Monterrey, CECYTE, 2010, p. 31 y pp. 107 y 108.

20. H. Cerutti Guldberg, Presagio y tópica del descubrimiento, p. 151.

21. Ibídem, p. 20.

22. D. W. Drezner, Theories of international politics and zombies, pp. 70-72.

23. J. Sánchez Macgrégor. “Leopoldo Zea en la lucha por la identidad”, en: Homenaje a Leopoldo Zea, México, Coordinación de Humanidades, Facultad de Filosofía y Letras, CCYDEL/UNAM, 2006, p. 58.


BIBLIOGRAFÍA

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  3. _________________ . Filosofía de la liberación latinoamericana. México: FCE, 2006.
  4. _________________ “Integrarse para vivir: ¿una utopía humanista?” en CERUTTI GULDBERG, Horacio y MONDRAGÓN GONZÁLEZ, Carlos. Resistencia popular y ciudadanía restringida. México: CCYDEL/UNAM, 2006.
  5. _________________ . Utopía es compromiso y tarea responsable. Monterrey: CECYTE, 2010.
  6. _________________ . “Entrevista realizada el 29 de junio de 2014 en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), Perú”. Recuperada el 18 de octubre de 2015, de https://www.youtube. com/watch?v=WKMfaMz6Rio
  7. COELHO, Rogério, “Autofagia”. En: NASCIMIENTO, Márcia y CASA NOVA, Vera, A literatura da periferia de BH. Belo Horizonte: Viva Voz, 2012. Recuperado el 18 de octubre de 2015, de: http://150.164.100.248/ vivavoz/data1/arquivos/A_literatura_da_periferia_de_BH_site.pdf
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  10. SÁNCHEZ MACGRÉGOR, Joaquín. “Leopoldo Zea en la lucha por la identidad”, en Homenaje a Leopoldo Zea. México: Coordinación de Humanidades, Facultad de Filosofía y Letras, CCYDEL/UNAM, 2006.
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