TENDENCIAS
Revista de la Facultad de Ciencias
Económicas y Administrativas.
Universidad de Nariño
Vol. XVI. No.  2 – 2do. Semestre 2015

CARLOS GAVIRIA: EL LIBREPENSADOR

Por: Amylkar D. Acosta M. 1


 

Feliz el hombre a quien  al final de la vida no le queda
sino lo que ha dado a los demás

Armando Fuente A.

La vida del Profesor Carlos Gaviria Díaz parece inspirada en la Ilustración y los ilustrados del siglo XVIII, quienes le dieron vida al movimiento intelectual de los Enciclopedistas, embrión de la Revolución francesa y de Los derechos del hombre y del  ciudadano, condensados en  sus  tres  principios luminarios: la libertad,  la igualdad y la fraternidad. La Ilustración sólo blandió un arma,  la razón  y apeló  a un medio, la educación, al considerar que si al pueblo se le educaba y se le deve- laba la verdad no reincidiría en los mismos errores y horrores del pasado cruel.
Carlos Gaviria  a lo largo de su trasegar durante todo su periplo vital, que osciló entre  la academia y la Política, sólo apeló  a la razón  como  arma,  fulminante por lo demás, para  refutar a sus  contradictores y para  defender sus  ideas,  de las que siempre fue un militante irreductible. Siempre creyó, como demócrata integral que fue, en la fuerza del argumento y jamás recurrió ni cohonestó con quienes esgrimen el argumento de la fuerza  para imponer sus puntos de vista. Y la educación para él fue su obsesión y a ella se consagró por luengos años;  su cátedra no estuvo confi- nada  a las aulas  universitarias, empezando por su Alma mater  (la Universidad de Antioquia), porque siempre que daba  una  conferencia o participaba en paneles y foros lo hacía  en ejercicio de su cátedra, ya que él nunca dejó de ser el inspirado y acucioso Profesor  que conocimos desde la década de los años 70 del siglo pasado.
Carlos Gaviria fue en vida un brillante intelectual, en todo su esplendor, siendo esta la más alta escala  de la condición humana, a la que sólo les es dable  acceder a mentes privilegiadas como  la suya.  Siempre que  hablaba y él era de un  verbo muy  cultivado y elocuente, con  un  enorme poder de  convencimiento, ponía a pensar a sus interlocutores y cautivaba la atención y el respeto del auditorio por su bagaje de conocimientos y el arsenal de argumentos, con toda su carga de pro- fundidad. Él, además de ser un aquilatado jurisconsulto era un aplomado filósofo del derecho,  émulo de Sócrates, de Kant,  de Kelsen  y cómo  no, de su filósofo  de cabecera, el austríaco Ludwig  Wittgenstein. De modo  que cuando llegó a la Corte Constitucional admirable, a la que le dio vida la Asamblea Nacional Constituyente de 1991,  le hizo  honor y le dio  lustre a la misma, sus  providencias al igual  que sus salvamentos de voto como Magistrado  son piezas magistrales que dejaron una profunda e indeleble huella y siguen siendo obligados referentes del Derecho aún allende nuestras fronteras patrias.
El ex presidente de Francia, el socialista François Mitterrand afirmó  en alguna ocasión que  “la responsabilidad del intelectual es mayor  que  la que  puede tener un financista, un empresario o el gerente de una empresa, por una sola razón, por- que influye sobre demasiadas personas”. Intuyo que  fue esta  responsabilidad del intelectual y su compromiso con Colombia los que lo llevaron a abrazar una  causa partidista, liderando el Polo democrático y aspirando a la Presidencia de la Repú- blica.  Él encontró en el proselitismo político el mejor conducto para amplificar su mensaje, siempre coherente, consistente, porque en Carlos  Gaviria  no se conoció la doblez o el transfuguismo ideológico ni transigió con él. Su vida  toda,  que fue ejemplar y ejemplarizante, también lo fue en la Política, él demostró que se puede ser político y honrado a la vez. Él, que fue socialista a fuer de Liberal manchesteriano, predicó con su propio ejemplo que  la ética es consustancial con el sano  ejercicio del derecho  y de la Política, que tratar de separarlos es como intentar aplaudir con una  sola mano. Pero, además, era un  convencido con Ludwig  que  “la ética no se predica,  la ética se muestra” y que “la ética y la estética  van de la mano”, así como también abrigaba la esperanza de que “la belleza y la verdad  sean una  sola cosa”.
¿Ese era su talante?
Carlos  Gaviria,  el libertario y el vanguardista se nos fue, pero su pensamiento y sus ideas  quedan sembrados en la mente de sus incontables discípulos y segui- dores,  entre  los cuales me cuento, porque su legado  lo trasciende, como  a todos los grandes.  Su erudición y su capacidad oratoria la vamos a echar de menos, pero allí nos quedan sus obras, sus escritos y sus conferencias, que seguirán siendo una invaluable fuente nutricia para  las presentes y las futuras generaciones del inte- lecto. Carlos Gaviria  fue un adelantado de su época,  quien mostró su gran lucidez y sapiencia hasta la víspera de su deceso. De él puede decirse que al igual que los barcos  de guerra  se hundió en los piélagos del ancho mar con las luces  encendidas en medio  del fragor de la batalla.
Él mismo, apelando a uno de sus autores favoritos de la literatura, que era una de sus tantas veleidades intelectuales, al lado de la música y el deporte, Jorge Luis Borges, trajo a colación en una  de sus acostumbradas conferencias, esta vez sobre el mundo de la metafísica borgiana,  una  de sus  frases  metafóricas que  fue como una prefiguración de lo que seguramente pasaría por su mente en su hora postrera: “el río es el río de Heráclito, que se confunde con el tiempo, que somos  nosotros, con lo transitorio, con lo que pasa,  con lo ilusorio”. ¡Paz en su tumba!


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1.    Director  ejecutivo de la Federación Nacional de Departamentos