El zinc es un nutriente de gran importancia para el crecimiento y desarrollo en niños menores de cinco
años9. Las principales fuentes alimentarias de zinc son los
productos de origen animal, tales como las carnes, el hígado, los huevos, los mariscos y los lácteos. En el
presente estudio, se observó que la mayor prevalencia de consumo correspondió precisamente a estos
alimentos, reconocidos por su elevado contenido de zinc. Estos hallazgos coinciden con lo reportado por
Santana, quien identificó que las carnes rojas, la leche y los huevos constituyen las principales fuentes de
zinc de moderada biodisponibilidad en la dieta de la población infantil evaluada10.
Así mismo, los resultados mostraron un comportamiento similar a lo reportado en Colombia a partir de la
Encuesta Nacional de la Situación Nutricional (ENSIN-2015)5, en
donde la prevalencia de consumo de carnes de res, ternera, cerdo, chigüiro, conejo, cabro, curí, en los
niños de 3 a 4 años fue de 90,5 %, de pollo o gallina (93,4 %), pescados o mariscos (63,1 %), huevos (97,0
%), morcilla o vísceras (32,1 %), leche (94,2 %), quesos y otros productos lácteos (90,4 %). Del mismo modo,
Rosales et al.9, en su investigación destacan el consumo de
alimentos de origen animal, los cuales son facilitadores de la absorción del zinc debido a que este se
asocia a las proteínas y ácidos nucleicos de los alimentos, lo que hace más alta su biodisponibilidad,
además, durante la digestión se liberan aminoácidos y péptidos que contienen lisina formando complejos más
solubles con el zinc. De hecho, Mangia et al.11, revisaron
la contribución del grupo de lácteos y derivados a la ingesta recomendada de minerales, destacando el
contenido de zinc y hierro en el yogur, el cual es mayor en comparación con el contenido de otros minerales
como calcio, fósforo y sodio.
Pese a ello, en el estudio de Rivera et al.12, se
evidenció que en los preescolares estudiados el consumo de pescado fue de 57,1 %, al 48,78 % no les gusta
las vísceras por su aspecto desagradable, por aversión de la familia y porque no saben cómo prepararlo,
mientras que el 22,2 % de los niños prefieren la carne de pollo. El Fondo de las Naciones Unidas para la
Infancia13, destaca que los niños entre los 6 y los 23 meses de
edad se benefician especialmente de los alimentos de origen animal como la carne, el pescado, los huevos y
los productos lácteos, que les aportan nutrientes esenciales como vitamina A, hierro, zinc y calcio,
importantes para el crecimiento, la actividad física y el rendimiento cognitivo.
Sin embargo, Monroy et al.14, afirman que, en países en
desarrollo las principales fuentes de zinc son raíces, tubérculos, hortalizas, arroz, maíz, los cuales
tienen alta relación molar fitato: zinc, lo que se traduce en una biodisponibilidad menor. A este respecto,
esta investigación obtuvo resultados similares al estudio realizado por Santana10, en donde los cereales constituyeron la principal fuente del zinc dietético
ingerido por los niños en las provincias encuestadas, por lo que, dado el origen vegetal, estos alimentos
aportan zinc de baja biodisponibilidad. Otras fuentes de zinc dietético de baja biodisponibilidad fueron las
frutas diferentes de aquellas que aportan vitamina A y las leguminosas.
Los resultados de la Encuesta Nacional de la Situación Nutricional (ENSIN-2015)5, mostraron que, en los niños de 3 a 4 años, la prevalencia de consumo de granos
secos o leguminosas fue de 94,8 %, el arroz o pasta con un 99,8 %, tubérculos y plátanos 94,6 %;
comportamiento que se asemeja al observado en este estudio, donde se destacó el consumo de cereales y
derivados, leguminosas, tubérculos, semillas, frutas y derivados. Al respecto, Rosales et al.9, refieren que los fitatos y fibra dietética como la celulosa y la
lignina presentes en las frutas y verduras, forman compuestos de baja solubilidad con el zinc inhibiendo su
absorción.
En este estudio se encontraron diferencias estadísticamente significativas entre el consumo de algunos
alimentos de los diversos grupos con el ingreso económico familiar, resultado similar a lo reportado en el
estudio de Córdoba et al.15, en el cual las familias que
perciben un ingreso mayor a un salario mínimo compran una alta cantidad de alimentos, lo que permite
extender la frecuencia de compra de los productos requeridos y por tanto el consumo en los niños. Así mismo,
los resultados muestran que las familias con mayor capacidad económica tienden a consumir con más frecuencia
fuentes alimentarias de zinc. Este resultado coincide con lo reportado por Rocha et al.16, quienes identificaron que los grupos poblacionales con un nivel
socioeconómico más alto presentan mayor consumo de alimentos como lácteos, queso pasteurizado, frutas y
verduras. A su vez, se destaca que las familias que asignan un gasto mensual de al menos 200 000 pesos
colombianos (49,91 USD) a la compra de alimentos, presentan mayor consumo de alimentos; valor que se alinea
al costo de la Canasta Básica Alimentaria (CBA) en San José de Cúcuta, cuyo promedio es de 245 791,33 pesos
colombianos (61,51 USD).
Con relación al estrato socioeconómico coincide con lo expuesto por Aguirre y Montealegre17quienes afirman que este aspecto logra influir sobre el estado
nutricional en cuyo caso los niños menores de 5 años son los más vulnerables, pese a ello, también refieren
que no existe la homogeneidad en el consumo de alimentos en las clases sociales, dado que no se puede
estandarizar la ingesta por estrato social. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia - UNICEF18, señala que la calidad de la alimentación varía según el poder
adquisitivo de la familia y la zona de residencia (urbana o rural), situación que coincide con la relación
encontrada en este estudio para dicha variable. Del mismo modo, Acosta19, destaca que el número de integrantes de la familia es una de las
características que se relaciona con malnutrición en niños menores de cinco años, ya que al ser más
numerosa, la familia presenta una mayor dificultad para garantizar un acceso suficiente y adecuado a los
alimentos para todos sus miembros.
Adicionalmente, se identificaron diferencias estadísticamente significativas con el estado civil,
coincidiendo con el estudio de Ríos et al.20, en el que se
identificó que las condiciones estructurales del hogar, entre ellas la jefatura monoparental se vinculan con
mayores niveles de inseguridad alimentaria, lo cual puede repercutir directamente en el tipo, frecuencia y
calidad de los alimentos consumidos por los menores. Se evidenció relación con el sexo de los niños,
resultado que difiere del estudio de Risco et al.21, en el
que no se encontraron diferencias relacionadas con el sexo en los hábitos alimentarios; no obstante, otros
estudios, como el de Nankinga et al.22, identificaron que
el sexo puede ser un factor relevante en el estado nutricional de los niños menores de cinco años,
sugiriendo que en determinados contextos, esta variable pueda influir en la dieta y, en consecuencia, en la
ingesta de nutrientes clave como el zinc.
En Colombia, con base en los resultados de la Encuesta de la Situación Nutricional (ENSIN-2015)5, en los niños de 3 a 4 años la mayor frecuencia media/día estuvo
dada por el arroz o pasta con 1,7 veces/día, seguido de tubérculos y plátanos (0,9), pan (0,9) y galletas
(0,8). De 1,4 para la leche y de 0,6 para el queso y otros productos lácteos. Para la carne de res, ternera,
cerdo, chigüiro, conejo, cabro, curí fue de 0,4; pollo o gallina (0,4); pescados o mariscos (0,1); huevos
(0,8); y granos secos o leguminosas de 0,5. Dicho comportamiento se evidenció de manera similar en este
estudio para los grupos de alimentos de lácteos y derivados y cereales y derivados. Sin embargo, difiere del
comportamiento identificado para el grupo de huevos, leguminosas, carnes y derivados, pescados y mariscos,
en cuyo caso la frecuencia promedio fue igual o superior a una vez por día. La frecuencia media semanal de
los grupos de alimentos fuente de zinc observada en este estudio fue superior a la reportada en la
investigación de Monroy et al.14, en la que el huevo,
pollo, salchicha de res/cerdo, leche de vaca en polvo, queso fresco/de capas, gallina, carne de res y
vísceras, se consume entre una y dos veces por semana.
Con respecto al cumplimiento de la porción estándar de referencia consumida por los niños participantes del
estudio, se destaca el grupo de lácteos y derivados, lo cual corresponde con lo señalado en las Guías
Alimentarias Basadas en Alimentos para la población colombiana24,
en cuanto a la medida de referencia establecida de 200 cc para los alimentos evaluados en este grupo. Dicho
comportamiento fue similar al obtenido en el estudio de Loria et al.24, en el que se establece una recomendación de ingesta de leche de 250 gr y de
yogur de 125 gr para el grupo de 3 a 6 años de edad. Rodríguez et al.25, evidenciaron que, en los niños en edad preescolar el grupo de alimentos de
consumo más usual fue el de lácteos con una ingesta aproximadamente igual o superior a 140 g/día.
Considerando que el huevo es una fuente importante de proteínas de alto valor biológico, vitaminas y
minerales esenciales, en este estudio se encontró que una proporción significativa de los niños cumple con
la porción estándar, por lo cual se refleja el cumplimiento de las recomendaciones establecidas en las Guías
Alimentarias Basadas en Alimentos para la población colombiana23,
las cuales promueven el consumo diario de una porción de huevo (1 unidad pequeña 50 gr), así como también lo
reportado por Loria et al.24, quienes destacan esta misma
recomendación en peso orientativo de la ración de huevo para niños con edades comprendidas entre los 3 a 6
años. Sin embargo, en la investigación realizada por Pineda26 en
niños con edades entre 1 a 5 años, se observó un consumo regular, aunque no se cumple con la recomendación
de ingesta de alimentos fuente de proteína. Este comportamiento resulta esencial puesto que de manera
similar a lo señalado por Loria et al.24, el huevo se
constituye en un alimento esencial en la alimentación de niños menores de cinco años, debido a su alto
contenido de proteínas de calidad y su riqueza en micronutrientes como zinc, colina, selenio, y vitaminas D
y B12, fundamentales para el crecimiento físico, el desarrollo cognitivo y el fortalecimiento del sistema
inmunológico, destacando su valor como un alimento asequible, versátil y sostenible en contextos de
malnutrición o baja diversidad dietaria.
En el grupo de cereales y derivados, se observa el menor cumplimiento en la ingesta de la porción estándar
de referencia, aspecto que difiere de lo observado por Deleón et al.27, ya que, al determinar la disponibilidad y consumo de alimentos en los hogares
de niños menores de cinco años, evidenciaron que el grupo de cereales, tubérculos y derivados fue el que
presentó un consumo importante (59,6 %).
La suplementación en la primera infancia con micronutrientes como vitamina D, calcio, hierro y zinc, es
fundamental para garantizar un crecimiento y desarrollo adecuado28. Las acciones propuestas en el contexto nacional corresponden con las guías de
la Organización Mundial de Salud, en las cuales se establece como uno de los grupos poblacionales
prioritarios a los niños menores de 5 años, y se reconoce que la suplementación con zinc, es un factor
esencial para mejorar el crecimiento y reducir la incidencia de enfermedades diarreicas e infecciones
respiratorias29. Por ello, resulta fundamental destacar que la
mayoría de los suplementos suministrados a los niños brindan un aporte significativo de este micronutriente
en relación con la ingesta diaria recomendada para este grupo de edad (4 mg/día). Este aspecto, es de gran
importancia, dado que tal como se evidencia en el estudio de Bejarano30, el zinc ejerce un efecto protector en la presencia de las enfermedades
diarreicas agudas, identificando que el tiempo de duración de este cuadro clínico disminuye en los pacientes
que reciben este tipo de suplementos.
Los resultados del presente estudio evidencian que los alimentos de origen animal específicamente carnes,
lácteos y huevos constituyen las principales fuentes de zinc en la alimentación de los niños evaluados. Esta
tendencia de consumo se encuentra en concordancia con las recomendaciones nutricionales nacionales y con los
patrones culturales y de disponibilidad de alimentos en el contexto local. Desde una perspectiva conceptual,
la interpretación de estos hallazgos se apoya en el marco de los determinantes sociales de la salud y
nutrición, al considerar que el acceso y la selección de los alimentos está mediada por factores económicos,
culturales y educativos. En este sentido, el consumo predominante de alimentos fuente de zinc de origen
animal podría vincularse con hábitos alimentarios heredados, así como con los programas institucionales
existentes que promueven su distribución en entornos comunitarios31.
Los hallazgos obtenidos contribuyen a responder a los objetivos del estudio, al identificar las fuentes
principales de zinc en la alimentación de los niños y evidenciar la relevancia de las prácticas familiares
en la conformación de estos hábitos. Lo anterior, permite plantear recomendaciones orientadas a fortalecer
los programas de educación alimentaria y nutricional, incorporando enfoques participativos que consideren el
entorno comunitario y familiar como actores clave.
# Recomendaciones
De esta manera, este estudio aporta elementos trascendentales en salud pública para la planificación,
ejecución y evaluación de estrategias de intervención e iniciativas de orden interinstitucional e
intersectorial para el fortalecimiento continuo y permanente de una alimentación saludable en los niños
y sus familias, de tal manera que se impacte favorablemente la salud y el estado nutricional de estas
colectividades. En este sentido, se recomienda a las instituciones responsables de la atención
nutricional en la primera infancia considerar estos resultados para ajustar y focalizar las
intervenciones, integrando el entorno familiar y comunitario en la promoción de prácticas alimentarias
saludables y sostenibles.
Así mismo, la presente investigación se constituye en un insumo fundamental para apoyar el desarrollo de
futuras investigaciones enmarcadas en la importancia que representa el consumo de alimentos fuente de
zinc para el estado nutricional y de salud en la primera infancia, considerando la influencia de
características demográficas y socioeconómicas particulares de los diferentes colectivos. Sin embargo,
por tratarse de un estudio transversal, no se efectúo la medición de los mecanismos causales, por lo
cual se sugiere realizar investigaciones adicionales.