Los hallazgos de este estudio evidencian que las barreras en el acceso a los servicios de salud que enfrentan las mujeres afrocolombianas migrantes en Medellín no pueden entenderse como obstáculos aislados, sino como el resultado de procesos estructurales que articulan desigualdades territoriales, económicas, étnicas y de género. En este sentido, los resultados confirman que la migración interna, atravesada por el conflicto armado y la precarización laboral, configura condiciones de vulnerabilidad que limitan el ejercicio efectivo del derecho a la salud.
Desde una perspectiva interseccional, las desigualdades identificadas no operan de manera aislada, sino que se configuran a partir de la articulación simultánea de relaciones de poder asociadas al género, la etnicidad, la clase social y la condición migratoria. En el contexto colombiano, este enfoque ha sido ampliamente desarrollado para comprender cómo el racismo estructural, el sexismo y las jerarquías socioeconómicas producen experiencias diferenciadas de exclusión y vulnerabilidad, particularmente en mujeres afrodescendientes23. Así, la interseccionalidad permite analizar cómo estas categorías se co-constituyen históricamente y se expresan en prácticas sociales e institucionales que inciden en el acceso efectivo a derechos fundamentales como la salud.
En coherencia con el enfoque interseccional, los hallazgos muestran que las barreras geográficas, económicas y socioculturales que enfrentan las mujeres afrocolombianas migrantes en Medellín surgen de la articulación de desigualdades de género, etnicidad y condición migratoria. Estas intersecciones generan formas específicas de exclusión y vulnerabilidad en el acceso a los servicios de salud, haciendo de la interseccionalidad una herramienta clave para comprender las experiencias y estrategias que las mujeres desarrollan frente a dichas barreras24.
En cuanto a las barreras geográficas, se encontraron factores como la distancia, el tráfico, el desconocimiento de las dinámicas de movilidad, los puntos de referencia y el miedo a perderse, que son cruciales para entender las dificultades que enfrentan estas mujeres al acceder a la atención médica en Medellín. Así pues, las barreras geográficas o físico-geográficas, se vinculan con la distancia que los usuarios del sistema de salud tienen que recorrer para llegar al centro de atención (dependiendo si su lugar de residencia es urbano o rural), la conectividad que proporcionan los medios de transporte, los periodos de desplazamiento, y la disposición de los centros sanitarios25. En este sentido, cuando se trata de arribar a los diferentes centros de atención médica, el acceso geográfico a la salud se refiere a la diferencia física entre un posible consumidor y el proveedor de servicios, bajo un cierto estándar de medición que incluye patrones de tráfico, medio de transporte y duración del viaje26.
El desconocimiento respecto a la ubicación espacial, también juega un papel importante puesto que influye significativamente en la tardanza en acceder a los servicios de salud y, de este modo, se configura como una barrera dentro del factor geográfico, debido a que las mujeres desconocen la ubicación de los centros de salud e incluso pueden llegar a conocer solo uno27.
Resultados similares se observan en el estudio de Sawadogo, et al.28, en cuanto subrayan que la distancia entre los lugares de residencia de las mujeres migrantes en los nuevos territorios que habitan y los centros de salud es muy grande, escenario que se complejiza debido a la falta de transporte y conectividad . Así mismo, en los casos, expuestos por Tschirhart et al.27, se reconoce que las mujeres migrantes debían recorrer distancias hasta de 4 horas, utilizando diferentes medios de transporte como bicicleta, tractor, motocicleta, automóvil y largas caminatas.
En general, la evidencia internacional muestra que las mujeres migrantes pueden experimentar acceso tardío a los servicios perinatales cuando desconocen la oferta disponible y enfrentan dificultades de movilidad y transporte en los territorios de acogida; por ejemplo, se ha descrito esta situación en mujeres migrantes de Ghana en Canadá29,30. En América Latina, estas barreras también han sido documentadas, destacándose que el acceso a salud de población migrante se ve condicionado por desigualdades estructurales, segmentación de los sistemas sanitarios y limitaciones económicas que afectan de manera diferencial a mujeres, particularmente cuando se intersectan género, etnicidad y precariedad laboral31. En este marco, el desconocimiento del funcionamiento del sistema y de las rutas institucionales de atención, junto con las restricciones materiales para desplazarse, contribuyen a postergar la búsqueda de servicios y a profundizar inequidades en salud.
Las dificultades relacionadas con el transporte y la distancia entre el lugar de residencia y los establecimientos de salud disminuyen la probabilidad de acceder oportunamente a los servicios de atención. Esta situación afecta con mayor intensidad a la población que habita en zonas rurales, donde las barreras geográficas son más frecuentes que en los contextos urbanos. En el caso de las gestantes, una adecuada planificación del parto y de las rutas de atención puede contribuir a reducir estas limitaciones y facilitar el acceso a los servicios de salud32.
De igual manera, las mujeres migrantes, especialmente aquellas en situación de desplazamiento forzado, enfrentan mayores riesgos en su salud sexual y reproductiva, particularmente adolescentes y niñas, quienes durante la migración pueden estar expuestas a trata de personas, explotación laboral, matrimonios forzados, embarazos no planificados y violencia de género. Aunque migrar puede representar una salida frente a contextos de violencia, las condiciones de precariedad y desprotección suelen profundizar las desigualdades y aumentar su vulnerabilidad33.
De este modo, la migración incide directamente en la salud, al aumentar la exclusión en el acceso a servicios sanitarios y la exposición a enfermedades infecciosas, especialmente en personas migrantes, quienes enfrentan mayores barreras y vulnerabilidad34, no solo por las condiciones propias del desplazamiento, sino también por factores sociales y contextuales desfavorables que se expresan en prejuicios, estigmatización y prácticas de discriminación35.
Otra de las barreras para acceder a los servicios de salud es la económica. Los gastos médicos no siempre son cubiertos por las EPS. También, el costo de transporte, alojamiento, citas, copagos y medicamentos, que las mujeres migrantes a menudo deben pagar, se vuelve insostenible. Al ser jefas de hogar y proveedoras, priorizan sus obligaciones sobre su salud, ya que acudir a servicios médicos implica gastos y pérdida de tiempo laboral, lo cual afecta sus ingresos36.
En los casos, descritos por Loganathan et al.37, las mujeres migrantes, a diferencia de las mujeres locales de algún territorio, deben costear la atención médica completa y, por esto, muchas veces no tienen otra opción que parir en sus casas para evitar asumir costos de dinero que carecen38. De igual manera, Damle et al.39, afirman que las mujeres migrantes latinoamericanas en Estados Unidos enfrentan dificultades para acceder a servicios de salud costosos, siendo muchas de ellas madres trabajadoras y, en su mayoría, solteras o divorciadas. Esta situación a menudo las obliga a dejar sus empleos para cuidar a sus hijos, lo que contribuye a su inseguridad alimentaria y la exposición a vulnerabilidades adicionales.
Finalmente, se identificaron barreras geográficas, económicas y socioculturales que afectan el acceso a servicios de salud. Las barreras socioculturales, como la etnia, el género y prácticas ancestrales, causan diferentes experiencias que perpetúan desigualdades sociales. Esto restringe el acceso a los servicios de salud y afecta el bienestar de las mujeres migrantes afrodescendientes. Estas barreras "surgen de la articulación entre diferentes actores (población, proveedora de servicios e instituciones intermedias como aseguradoras y reguladoras) que poseen distintos intereses, representaciones y creencias, y que forman parte de grupos sociales diferentes"25. De esta manera, las mujeres afrocolombianas de Acandí, Condoto e Istmina no sólo consideraron que sus creencias estaban siendo deslegitimadas, sino que también han experimentado discriminación, cuestionamiento y ridiculización en el marco de su cultura y ancestralidad. Así pues, la falta de sensibilidad por parte del personal médico hacia las tradiciones o creencias de estas mujeres exacerba los tratos discriminatorios40.
Las mujeres migrantes en Canadá provenientes de África desconfían de la medicina occidental, sus profesionales y medicamentos, viendo estas prácticas como un ultraje a sus creencias religiosas y culturales41, y cuando el personal médico intenta imponerles valores culturales y prácticas asociadas a la medicina occidental, se genera una marcada disonancia cultural42.
Con base en los hallazgos y reflexiones anteriores, es importante analizar las barreras en el acceso a los servicios de salud de forma integrada, de manera interseccional. Las mujeres migrantes afrocolombianas buscan atención médica mientras enfrentan barreras geográficas, económicas y socioculturales, debido a sus contextos de conflicto armado y su rol como jefas y proveedoras económicas.
De este modo, la perspectiva interseccional permite comprender de manera más amplia por qué las mujeres migrantes experimentan barreras en el acceso a los servicios de salud. Así, Biondini43, muestra cómo el género, la etnia, la nacionalidad y la condición socioeconómica actúan en conjunto, y lo ilustra exponiendo el caso de mujeres migrantes peruanas en Argentina que, a pesar de experimentar numerosas barreras en el acceso a los servicios de salud, tienden a 'agachar la cabeza' y no protestar ante los tratos injustos y discriminatorios por parte de los profesionales de la salud. En la misma línea, otro estudio realizado con mujeres migrantes originarias de Bolivia y del noroeste argentino, enfrentan barreras de accesibilidad al sistema de salud durante sus recorridos migratorios vinculados con el trabajo agrícola en Argentina44.
En este sentido, el análisis de la accesibilidad a los servicios de salud desde una perspectiva interseccional permite entender cómo diferentes factores como género, edad, etnia, posición socioeconómica, y religión influyen en las experiencias de las personas. Estas diferencias crean relaciones de poder y desigualdades sociales, generando trato excluyente y discriminación que impactan el bienestar de ciertos grupos, especialmente de mujeres migrantes afrodescendientes en condiciones económicas difíciles.
Por tanto, la interseccionalidad surge como un enfoque teórico-metodológico para entender las relaciones sociales de poder y los entornos donde surgen las desigualdades sociales, posibilitando un estudio 'complejo' de la realidad experimentada por los individuos, tanto mujeres como hombres, a través del abordaje de las distintas posiciones y categorías sociales, situadas históricamente45.
En este contexto, el racismo también aparece como una barrera en los servicios de salud que produce desigualdades, en tanto las mujeres afrodescendientes son frecuentemente excluidas y tratadas de manera diferencial, incidiendo en la garantía de su derecho a la salud. Desde el estudio de Chitongo et al.46, por ejemplo, se culpa a las mujeres negras migrantes por no asistir a los controles prenatales. Se ignora que estas mujeres realizan más trabajos de cuidado y no tienen apoyo suficiente para dejar sus labores y asistir a estos servicios.
La accesibilidad a los servicios de salud para mujeres migrantes afrodescendientes involucra reconocer barreras físicas, geográficas, económicas y socio-culturales. Se necesita un enfoque interseccional que considere su situación en la sociedad y cómo factores como etnia, género, edad y condición socioeconómica afectan su salud. Es esencial crear políticas públicas integrales y generar espacios de diálogo intercultural para garantizar sus derechos y reducir la violencia institucional y las desigualdades en la salud.
En este sentido, las barreras pueden interpretarse no sólo desde su dimensión espacial, sino también desde las variadas restricciones que los individuos encuentran diariamente en sus desplazamientos por la ciudad22, por lo que, el análisis debe ir más allá de los elementos físicos e infraestructurales de los servicios de salud, incorporando factores sociales, culturales y económicos. Se debe reconocer la posición de las mujeres migrantes afrodescendientes, considerando la interconexión del tiempo, el espacio y el cuerpo, el cual abarca dimensiones tanto físicas como sociales.