Los hallazgos del presente estudio mostraron asociación estadísticamente significativa entre algunos
factores individuales (sexo, edad), ocupacionales (nivel de ocupación) y biomecánicos con la aparición de
síntomas osteomusculares. Lo anterior es similar a estudios previos en donde se refuerza la
multifactorialidad en la aparición de los trastornos músculos esqueléticos37-42 y se alinea con el enfoque biopsicosocial, donde la carga
biomecánica y características del colaborador determinan la aparición de la sintomatología en diversos
segmentos corporales.
En ese sentido, el método ERIN permite valorar las posturas críticas adoptadas por los colaboradores al
desarrollar diversas tareas, ponderar la posición del cuello, espalda, brazo y muñeca20,23,30,43, similar a
métodos como el RULA4, REBA5, OWAS9, no obstante, los dos primeros
métodos son propios para carga estática y el tercero para carga dinámica, una de las ventajas de ERIN es que
permite hacer la valoración. También, ERIN permite valorar el esfuerzo percibido y ritmo de trabajo,
variables que otros métodos observacionales omiten, convirtiéndose en un método alternativo que proporciona
datos relevantes para la toma de decisiones en materia de promoción de la salud y prevención de la
enfermedad en las organizaciones.
Estudios como los desarrollados por Ruíz30 y Rodríguez et
al.22, mostraron la viabilidad de la aplicación del método
ERIN en contextos laborales debido a la facilidad en la valoración, calificación de ítems e interpretación
de los resultados. En este mismo sentido, se han desarrollado estudios que permiten explorar diversos
contextos laborales como el sector alimentos21, minería31 y fábricas de vidrio44; no obstante, el presente estudio permite profundizar la aplicabilidad del
instrumento en el contexto de los profesionales de la salud.
Los resultados establecer asociación estadísticamente significativa entre el ser mujer y la presencia de
Síntomas en el cuello (OR = 2,13; IC 95 % = 1,162 - 3,907; p = 0,013), lo cual también
se corrobora en los resultados de las correlación de síntomas a 7 días (r = 0,150) y 12 meses
(r = 0,140); resultados coincidentes a países como China, donde el reporte de quejas
musculoesqueléticas es mayor en mujeres45, tendencia similar a lo
reportado en un grupo de cirujanos46 y en estudios dedicados al
dolor cervical no específico en médicos y enfermeras, que evidenciaron que las mujeres tienen mayor riesgo
de reporte de síntomas cervicales47; no obstante, en enfermeras
se reportó que el dolor de cuello estuvo más relacionado con las horas semanales de exposición y experiencia
laboral48. Otros estudios coinciden en que los resultado pueden
responder a tiempo de exposición, la carga extralaboral, a diferencias biomecánicas en el diseño de las
estaciones de trabajo con diferencias antropométricas, dado que se le está demandando a las funcionarias
adoptar flexión de cuello prolongada2,49.
Otras herramientas aplicadas en el contexto de la salud como el Quick Exposure Check (QCE)50, Strain Index51-55, OCRA52,48,55 y aplicaciones como WERA Tool56 también han encontrado significancias entre las posturas adoptadas a nivel de
cuello y el reporte de síntomas en dicho segmento. La relación por género y el reporte de síntomas antes
descritos pueden deberse a diferencias biomecánicas hormonales, así como carga extralaboral por tareas
domésticas y cuidado de otros. No obstante, en la literatura se refuerza que los métodos observacionales
podrían llegar a subestimar el riesgo por exposición a carga biomecánica57. Valorar la postura en flexión y puntos de corrección como rotación o
lateralización en cuello-cabeza permiten aumentar la precisión en la identificación de posturas cervicales
riesgosas para el trabajador51.
En concordancia con literatura internacional, el presente estudio encontró asociación estadísticamente
significativa entre ser mujer y la presencia de sintomatología a nivel de tren superior, como hombro derecho
([OR = 2,480; IC 95 % = 1,061 - 5,795] síntomas en los últimos 7 días [r
= 0,130; p ≤ 0,05] síntomas en los últimos 12 meses [r = 0,163; p ≤
0,01]), hombro izquierdo (síntomas en los últimos 7 días [r = 0,150; p ≤ 0,05]
síntomas en los últimos 12 meses [r = 0,145; p ≤ 0,05])58-61; resultados similares a los hallados por Abo-Naser et
al.46, quienes identificaron en un grupo de cirujanos, que
las mujeres tuvieron 7,81 veces más riesgo de presentar síntomas. En Ghana también el género femenino tuvo
1,66 veces más riesgo62. La misma situación se encontró en
trabajadores chinos, donde la prevalencia de hombro se situó en 49 %63, una revisión sistemática identificó que la prevalencia de reporte de síntomas
promedio fue del 40,9 %64. Los hallazgos coinciden con lo
reportado por Lin et al.64, quien establece que la
afección bilateral en hombros podría ser indicativo de mayor sobreuso y adopción de posturas no neutras.
En esta misma línea el presente estudio logró identificar diferencias estadísticas significativas entre
género femenino y síntomas en mano muñeca derecha ([OR = 2,980; IC 95 % = 1,342 -
6,619] síntomas en los últimos 7 días (r = 0,168; p ≤ 0,01) síntomas en los últimos 12
meses [r = 0,130; p ≤ 0,01]), mano muñeca izquierda ([OR = 3,469;
IC 95 % = 1,188 - 10,128] síntomas en los últimos 7 días [r = 0,145; p
≤ 0,05] síntomas en los últimos 12 meses [r = 0,127; p ≤ 0,05]); hallazgos
similares a los descritos en tareas de cirugía (OR = 5,31; IC 95 % = 1,14 - 27,1)46. Asimismo, un metaanálisis realizado por Koyuncu et
al.48 menciona prevalencia de dolor de muñeca en 29 %,
característico por mayor frecuencia en entornos que demandan alta repetitividad de movimientos y posturas no
neutras a nivel de muñeca, marcadas por flexión, extensión, desviación radial y ulnar, propias de tareas
quirúrgicas, procedimientos especiales en enfermería y odontología22,65. En este sentido, una de las fortalezas marcadas por el método ERIN respecto a
otros métodos de evaluación es que permite considerar, aunado a la carga biomecánica, algunos elementos como
el esfuerzo y la frecuencia de movimientos.
El ser mujer se relacionó también con síntomas a nivel de la espalda alta, con 3251 veces más probabilidad
(IC 95 % = 1,671 - 12,882) en comparación con los hombres, lo cual se corroboró mediante el
análisis de correlación de Pearson entre género y síntomas en la espalda alta a siete días (r
= 0,218; p ≤ 0,01) y a un año (r = 0,200; p ≤ 0,01). En enfermeras turcas se encontró
también relación entre ser mujer y síntomas en la espalda alta (OR = 1,428)66, similar a un estudio africano (OR = 1,66)62, no obstante, en profesionales del área quirúrgica el mayor reporte se presentó
en hombros46,48. De esta manera, es imperioso
no solo analizar variables individuales, sino también establecer la relación entre la carga física y el
reporte de síntomas en el personal de salud.
En el presente estudio se logró identificar que los trabajadores que puntuaron riesgo medio y alto en tronco
tuvieron 2,185 veces más riesgo de desarrollar síntomas en glúteos y/o caderas (IC 95 % =
1,027 - 4,651); hallazgo similar a lo reportado en el trabajo de Nascimento et al.67, quienes evidenciaron que mantener una postura inadecuada en
miembros inferiores y tronco, aumenta la probabilidad de síntomas a nivel de cadera y muslo (β =
0,219). También en cirujanos ortopedistas se ha reportado que la postura prolongada y estática se relaciona
con síntomas a nivel de la cadera68. No obstante, estudios
metaanalíticos resaltan que la cadera es uno de los segmentos corporales con menor prevalencia de síntomas
(21,9 %)64, lo cual sugiere que los trastornos a este nivel
podrían ser secundarios a la fatiga acumulada en el tronco.
En contraste con la literatura, un hallazgo particular del presente estudio fue la relación entre el ritmo y
la velocidad como predictores de síntomas en codo (OR = 4,412; IC 95 % = 1,555 -
12,518). A nivel mundial, la prevalencia de síntomas en dicho segmento se ubica entre el 14,6 % y el 17,3
%64,69. Posiblemente, estos resultados se
expliquen por la tensión muscular sostenida en tareas66 que
requieren elevación y abducción del hombro, junto con agarres que requieren aplicación de fuerza y
movimientos repetitivos, lo cual dificulta los procesos de recuperación funcional en dicho segmento.
Respecto a los trabajadores que presentaron altas y medias ponderaciones en el esfuerzo físico y la
frecuencia de acciones técnicas, se evidenció que tuvieron 1,960 veces más probabilidad de desarrollar
síntomas en espalda baja; resulta relevante señalar que un número importante de los colaboradores valorados
pertenecían al área asistencial. En este sentido, el trabajo de Koyuncu et al.48, destaca que la carga biomecánica y la repetitividad constituyen los
principales determinantes del dolor lumbar. De manera concordante, un estudio chino señaló que la carga
pesada de trabajo es un factor predictor de los DME lumbares63.
De esta manera, se ha reportado que el personal de enfermería que realiza traslado de pacientes presenta
mayor riesgo de lesiones en los discos intervertebrales7,
situación que también ha sido documentada en el personal de emergencias48.
Asociado a lo descrito, se logró identificar una correlación significativa entre el nivel de riesgo
biomecánico y los síntomas a 12 meses en el hombro izquierdo (r = 0,149; p ≤ 0,05), hallazgo
coincidente con la literatura. Autores como Gao et al.70,
a partir de la valoración con RULA, lograron establecer que la posición disergonómica del brazo determina la
presencia de dolor en el tren superior. En el mismo sentido, Davison et al., emplearon el instrumento
REBA en personal de emergencias y enfermería, y encontraron que existe una relación proporcional entre
puntuaciones altas en brazo y síntomas a nivel de hombro71). En
línea con lo anterior, se identificó relación entre la alta y media carga biomecánica y los síntomas en codo
bilateral (r = 0,149 y r = 0,158; p ≤ 0,05), hallazgo que sugiere que la tensión
biomecánica derivada de las acciones técnicas y los movimientos repetitivos del brazo constituye un factor
predictor de la sintomatología a nivel de la articulación del codo. No obstante, este resultado deberá ser
profundizado en futuros estudios realizados en poblaciones con características similares.
Por otro lado, los resultados obtenidos en el presente estudio bajo la herramienta ERIN demostraron relación
entre el nivel de riesgo y síntomas en la región lumbar, similar a lo reportado en otras actividades
económicas como la industria de alimentos1 y la minería
subterránea31, no obstante, no se encontró evidencia de la
aplicación del método ERIN en trabajadores del sector salud. Otros estudios reportan aplicación de diversos
métodos donde hubo diferencias significativas entre la carga postural por manipulación manual de cargas y
síntomas72-77, así como las posturas forzadas
y mantenidas39,78-85. Otras
investigaciones donde se reportó síntomas en espalda alta y la región lumbar, evidenciaron mayor prevalencia
en las colaboradoras de las áreas asistenciales de salud, quienes afirman que las mujeres adoptan posturas
sostenidas, flexión torácica debido a las tareas propias de la atención a los pacientes, en mayor medida en
las áreas asistenciales76,85-87.
Por otra parte, es necesario resaltar que la implementación de medidas correctivas y preventivas, posibilita
mejorar el diseño del puesto de trabajo y disminuir la sintomatología en hombros, como lo evidencian
Rodríguez et al.1, en un estudio desarrollado en operarios
de una planta de cárnicos. En este sentido, los hallazgos relacionados con un mayor riesgo biomecánico por
posturas forzadas a nivel de brazo, codo y zona lumbar en la muestra valorada, resaltan la importancia del
ajuste de los planos de trabajo, favoreciendo la adopción de posturas funcionales en el tren superior, así
como del uso de ayudas mecánicas externas durante la movilización de pacientes, lo cual contribuye a
disminuir el riesgo de lesiones en segmentos críticos a nivel lumbar y de hombros50,67.
Por otro lado, identificar las subtareas críticas e implementar rediseños tanto en las tareas como en los
tiempos de exposición resulta fundamental. En este contexto, autores como Amirmahani et al.88, recomiendan el análisis jerárquico de tareas, el cual implica
identificar las subtareas críticas, y a partir de ello, detectar los momentos biomecánicos de mayor riesgo
para generar las respectivas recomendaciones y rediseños.
Asimismo, favorecer la alternancia de tareas y disminuir los tiempos de exposición permite el descanso
articular y la recuperación osteomuscular, lo cual también se encuentra respaldado en la literatura. Por
ejemplo, en áreas hospitalarias con alta demanda biomecánica, como quirófanos, unidades de cuidados
intensivos u odontología, se sugiere la rotación periódica del puesto de trabajo, junto con la
implementación de pausas activas89,90. Autores
como Wang, et al.63 refuerzan que la implementación de
ejercicios de estiramiento constituye un factor protector frente a lesiones musculoesqueléticas. Finalmente,
diversas investigaciones respaldan la importancia de valorar el riesgo biomecánico mediante herramientas
estandarizadas que permitan identificar las posturas adoptadas en las diferentes tareas, teniendo en cuenta
los planos anatómicos y los puntos de corrección, a fin de evitar la subestimación del riesgo43,91.
# Limitaciones
Dentro de las limitaciones que se presentaron al momento de desarrollar el presente estudio, fue el
acceso y poca disposición de los funcionarios para completar la encuesta de síntomas osteomusculares,
así como en algunos servicios por confidencialidad de información y respeto por el paciente, no fue
posible tomar registro fotográfico para la valoración de la carga postural. Por otro lado, fue escasa la
literatura publicada que diera cuenta la aplicación del método ERIN en profesionales de la salud.